5 maneras de aplicar la inteligencia emocional en la empresa

Ocho horas al día , cinco días por semana, cuatro semanas por mes, para hacer una media aproximada de 160 horas… la realidad es que pasamos mucho tiempo en el trabajo a lo largo de nuestra vida. Más de un tercio de nuestro día a día está ocupado por nuestra actividad laboral; por eso, es aconsejable que nuestro trabajo sea lo más llevadero posible para nosotros.

 

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Hoy queremos hablaros de cómo podéis aplicar la inteligencia emocional en la empresa para lograr un clima de bienestar, y por qué no, alcanzar el éxito en vuestro trabajo. Para ello, os contaremos cinco maneras de hacerlo.

- Comunícate de forma efectiva: La inteligencia emocional tradicionalmente se define como “una habilidad para percibir, asimilar, comprender y regular las propias emociones y las de los demás, promoviendo un crecimiento emocional e intelectual”. Comunicarnos de forma efectiva con nuestros compañeros, jefes, clientes… es la base para el éxito. Muchos pequeños problemas laborales a menudo son causados por esa falta de comunicación. Intentemos empatizar con lo que el otro quiere y pongámonos en su lugar para tratar de entendernos.

- Capacidad intelectual no implica inteligencia emocional: Es obvio que las capacidades intelectuales y técnicas son muy importantes en la empresa, pero desde luego, no nos ayudarán a alcanzar el éxito ni a prosperar si no sabemos gestionar nuestras emociones y las de los demás correctamente. El panorama laboral actual está sujeto a una presión y exigencia cada vez mayores, y prima sobre todo el trabajo en equipo; por tanto, preocupémonos de cuidar las habilidades sociales y emocionales tanto como las habilidades técnicas e intelectuales.

-Aprende a motivar a tus compañeros (y a ti mismo): En la vida trabajamos con metas y objetivos; en el trabajo, por supuesto, también. Es fácil permanecer motivado cuando las cosas van bien, pero no lo es tanto cuando aparecen problemas o caemos en la monotonía o la rutina: un proyecto que no salió adelante, un cliente que se perdió, pérdida de interés general… en estos momentos, es cuando debemos poner en marcha esa inteligencia emocional y decirnos a nosotros mismos que no ganamos nada desanimándonos o perdiendo la motivación, pues esto solo irá en nuestra contra. En su lugar, optemos por desarrollar pensamientos positivos, e ilusionémomos con el futuro. Si además, contagiamos este espíritu a otros, tendremos mucho terreno ganado.

-Aprende a innovar constantemente: No nos referimos a innovación técnica ni a caer en un exceso de perfeccionismo que nos genere una ansiedad constante; más bien, queremos transmitir la idea de que, si tratamos de superarnos, pensando siempre que “la próxima vez será mejor”, estaremos cultivando esa motivación de la que hablábamos en el punto anterior. Debemos aprender a encontrar un punto de “competitividad sana”, intentando batirnos a nosotros mismos, con actitud siempre positiva, y alentando a otros a que, siguiendo el ejemplo, también intenten superarse. La emoción se contagia, y es uno de los fundamentos de esta inteligencia que buscamos.

-Practica la autorreflexión: Es inteligente emocionalmente el que es capaz de reconocer sus propios errores y, más importante aún, corregirlos. En ocasiones, no encontramos la solución a un problema porque no lo hemos mirado desde otra perspectiva; “salir” fuera del problema, intentando analizar cuál es nuestra implicación en que éste esté yendo bien o mal, es un ejercicio que deberíamos poner en práctica a menudo, muy útil para mejorar nuestra inteligencia emocional y nuestra autocrítica, tan necesaria para alcanzar el éxito.

 

Como veis, en las empresas, el recurso más importante, por encima de avances tecnológicos y otras herramientas técnicas, siguen siendo las personas. Por eso, es importante que sepamos gestionar correctamente nuestras emociones y las de otros.

Y tú, ¿cómo pones en práctica la inteligencia emocional en la empresa? Cuéntanoslo en los comentarios.